martes, 7 de agosto de 2007

EL 50 DEL 50: UNA ANTOLOGÍA NECESARIA


Vicente Gallego
El 50 del 50 ( Seis poetas de la generación del medio siglo)
Pre-Textos Editorial. Valencia. 2006



¿Por qué se quedan descolgados poetas tan hondos como Tomás Segovia o Manuel Padorno? ¿El exilio, la inseguridad de los primeros libros? ¿Por qué se tarda tanto tiempo en conceder un lugar destacado a poetas de la categoría de César Simón o Ricardo Defarges en el mundo poético español? ¿La tardanza en publicar o el silencio poético? Diversas han sido las razones que han llevado a estos autores a no entrar en la nomina de los elegidos como diría José María Fonollosa(una de las pocas cumbres poéticas del siglo XX y desconocido hasta hace poco). Cuestiones extraliterarias a un lado, en esta antología realizada por Vicente Gallego (antología de lector: todo buen poeta es un gran lector) se recogen una nómina variada de poetas: Ricardo Defarges, Luis Feria, Manuel Padorno, Fernando Quiñones, Tomás Segovia y César Simón. Falta Antonio Gamoneda por indisponibilidad de derechos de autor. Poetas que cumplen el difícil objetivo del antólogo: la propuesta de un lector agradecido que quiere compartir sus emociones.

La selección de poemas es abundante y personal. En ella aparece la concisión de amplio contenido sugerente (Ricardo Defarges); el barroquismo claro y musical (L. Feria); la intensidad suave y marítima (M. Padorno); la épica urbana (F. Quiñones); el misticismo materialista y sexual en imágenes solares (T. Segovia) y todas las preguntas en una misma pregunta, un dolor atravesado por un vitalismo profundo (C. Simón). Ricas contradicciones, claridades sin enredos ni trivialidades, palabra plena que se específica en poemas como "Las tres fuentes", "Los limoneros", "Canción atlántica", "El pueblo de la dehesa de la villa", "Sonetos votivos, XVII" o "Sala con sol". Todos ellos variedad bendita.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Por qué se quedan descolgados? Por lo que nos quedamos otros. Porque el canon lo hacen cuatro críticos que prefieren favorecer a sus amigos y no dar entrada a otros poetas que puedan ocupar un espacio ya de por sí escaso como es el de la poesía, con 3.000 lectores de poesía en todo el país. Luego, cuando se hayan (nos hayamos?) muerto, es otra cosa, ya se puede echar todo el incienso que sea necesario, en un repugnante descargo de conciencia.