domingo, 4 de mayo de 2008

UN POEMA DEL INÉDITO EL INVENTOR DEL SÍ

VIVIR EN ESTE POEMA


Este peldaño clínico no dijo una fatiga más.

No llegué hasta aquí para acoger silencios y sequía,

para ligar mi boca a la precisa indeferencia

de los objetos, esa calma que funde todo impulso;

pero las manos sienten la subida de las gaviotas a las sílabas,

cómo todo es posible cuando las plumas arden como ese amante.

¿Arden?

Afanosa la orgía de los ojos, destello de un relámpago que cura.


Abridme las ventanas para que cada luz

responda en mi costado. Pocas palabras se precisan

para apartar la fronda de la esencia. Arden más hojas. Arden más plumajes.

El mundo se relaja. Gozo que se desata, que armoniza:

vivo mientras respiran los demás y silbo siempre junto al cementerio.

Mi fiesta se resume en unos labios. De sus labios proviene la abundancia.

Sólo tus manos saben cómo la alondra sube y los trigos se espigan.


Abridme esas ventanas, el rostro se deshace de su máscara:

auroras y sonrisas. La piel acoge la frescura

de aquellos lirios. Lirios que lucen en sus amarillos,

zureo que blanquea el aire, manos que achican límites

y amo.

Llevé a tu tierra vino, moras y miel

y amo.


Tus latidos tan sólo pueden sonar con lo naciente, raíz del júbilo,

fidelidad al alba, a quien la satisface,

gozo de esta ternura de clamores lumínicos,

me amigo con aquello que germina y relumbra;

coronado de pámpanos y con el tirso que libera. Una vez más renace,

una vez más la observo en las primeras luces,

una vez más es quien ha sido siempre: ese ojo que procede del borde de la vida.


Alegría en la hierba, alegría por el camino

que nadie ha caminado; dame tu mano para que perciba

más estas huellas, para que fluya por el trote

de tus honduras, para que me alimente más

de la leche del pecho que me aniña. Dame tu mano. Vine.

Vine hasta aquí después de haberme roto

los labios en el tedio y la vergüenza,

de renegar de mí y de herirme sin compasión,

de tirar el cobijo por el iris y detener al río que me afila.


Estoy aquí para decir que germiné con este cuerpo.

Cuando este cuerpo me tocó

surgieron lluvias que rozaban cantos

y horizontes que se movían y brillaban a lomos de un unicornio.

Así tiene que ser la infancia y aún no se ha marchado. Tiene

el perfil de mi amante. Así tiene que ser

como se desangró el alba en esta boca.


He hecho de la palabra una guarida; he hecho de la palabra

aquel campo de mi niñez y resucito aquel muchacho

al crear y creamos:

de ti aprendí el oficio de estremecer en mi garganta flores.


Por ser música dentro de sí misma he bebido

de un vuelo que al cruzar las nubes

llenó de azules, verdes y blancos los tobillos.

Por acallar las horas con mil afirmaciones

y festejar la tierra con la lluvia, no quiero que dejemos

de vivir en este poema.

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