sábado, 13 de septiembre de 2008

VIVA MI DUEÑO: LA CENSURA



La censura cultural es uno de los medios del poder para mantener a los untados con la panza bien rellena. Lo peor de este tipo de represión es que sus censores suelen ser poco visibles y provocan tanto respeto o miedo, según sea la valentía del afectado, que van poniendo silenciosamente tiritas en los ojos, en las orejas, en la nariz, en la boca... Una pequeña soga por aquí o poco de melaza por allí doblan rodillas y agachan muchas cabezas. Se escribe con la censura en la cabeza: "En poesía hay que ser más políticamente correcto" me dijo una vez un aspirante a poeta (quien ya ha tenido alguna prebenda). Así, en primer lugar, se crean diferentes cerrojos públicos: aquellas cosas que uno y los demás saben que están mal y no se pueden decir; y en un segundo estadio, la capacidad de la boca y la garganta para agrandarse y convertirse en una gran tragadera que engulla diversos excrementos. Ya lo dijo un poeta inolvidable y clásico entre los clásicos: "¿Qué gloria tan rara buscarán/A, B, C, D y el resto del alfabeto? ¿Un premio/ nacional, una fundación con su nombre, un Nobel?/ Qué formas tan raras de felicidad. Pensar una cosa/ y decir otra para conseguir un pequeño ascenso/ en el escalafón de los cojos." Y yo me pregunto, a raíz de estos versos, qué diferencia existe entre la mierda y la diarrea.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hay dos tipos de chupapollas:

1-Los que mantienen su consistencia y se elevan a mierda.

2-Los que en cambio la chupan a discreción y a cambio no reciben nada...éstos se diluyen, son diarrea.