miércoles, 15 de septiembre de 2010

ANÓNIMO

Querido Anónimo:
Disculpa la tardanza en contestar, pero había que resolver unos encargos. Allá vamos:
la heteronimia no es una involución, no es un deseo de volver, ni tampoco de considerar la infancia como un paraíso. La heteronimia es el relato de celebrar este fracaso de estar vivos; es el resultado de una ruptura, de una crisis, de un deseo de dejar por unos momentos de ser uno mismo (qué cansino es ser uno mismo a veces); un deseo de ser otro, de vivir otra vida, pero qué tiene esa vida... de uno mismo, pues en el caso de Luis Yarza es una vida tranquila, desapegada y sencilla, en pleno campo, y con las cosas suficientes para existir (que no para vivir): amor y unos cuantos amigos. Qué tiene de mí Luis Yarza, pues la adolescencia de los veranos con mis abuelos en su casa de campo y los planes que tenía de ser naturalista, a esto hay que añadir la admiración por la forma de ser de mi amigo Juan Andrés García Román y tenemos a este heterónimo, que nació en La Alberca y vive en Mofragüe, lugares que me parecen una maravilla. Entonces, podemos decir que Luis Yarza es una utopía, pues creo que sí, si entendemos por utopía "la proyección humana de un mundo idealizado que se presenta como alternativo al mundo realmente existente, ejerciendo así una crítica sobre éste". Quién no ha deseado alguna vez vivir otra vida (con esto no estoy diciendo que no esté contento con la mía), quién no se ha preguntado alguna vez "y si ¿mi vida hubiese ido por este camino y no por el otro? y ¿si hubiese estudiado esto y no lo otro? o si ¿hubiese tenido otros padres, otros amigos, otra novia? Ahí está Luis Yarza, pero también está Pablo Gaudet, que si no lo remedian las estrellas malas, saldrá al circo literario en un mes. Pues ahí tienes a este heterónimo vitalista y bibliotecario (la biblioteca: otra utópia más), dos aspectos: uno sentimental y otro laboral que a mí me hubiese gustado desarrollar. Y aquí como en Pablo Gaudet también hay una parte de mí ya ida y otra que enlaza con otro buen amigo: Leo Montoto, a quien conocí en Granada y que me enseñó a ser un vividor (ay si hubiese conocido gente así antes...). Por eso, en mi heteronimia hay un poso fuerte de nostalgia (que no de melancolía), de vivir lo no vivido; pero no es un abandono extremo, ni una máscara, es un estado de ánimo, así que no sé cuánto durará, tampoco me preocupa (a algunos les preocupa más lo de "mira este tipo, que pretencioso, que se habrá creído, Pessoa, ahora va de genio", a todos ellos que os den por el culo con un ariete). De ahí, de esa ensoñación, viene lo de reales ausentes, pues yo también soy un real ausente, una comunidad utópica, una legión espectral, una contradicción pura y dura; aquí tenemos otra razón de la heteronimia, la contradicción, que no la paradoja (en un primer término). Según el principio clásico de la contradicción: "Nada puede ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo sentido", pero ¿puede ser algo verdadero y falso a la vez? Sí, la heteronimia sí, esta real ausencia, sí. En su origen la heteronimia es una contradicción y en su realización es una paradoja, pues su realización son los poemas, los textos. Todo ello para expresar la complejidad de la identidad humana y principalmente sus limitaciones (¿limitar?). Pero lo de la contradicción y las paradojas es un tema complicado de explicar, y esto para más adelante, en otro capítulo. Y me queda hacer referencia a Jimena Alba, la chica heteronima, cómo no querer ser chica, pero de dónde viene: -De la rabia, un sentimiento fuerte, brutal, como su poesía punk; así que fueron primeros los poemas y después las vidas? Pues en este caso la bio está aún por confirmar, aún está por definir, unas veces la veo como actriz, con un gran desparpajo social (el que yo no tengo), otras veces la veo como profesora enseñando a los chicos/as la Filosofía del tocador o los poemas de Fonollosa y pocas como ama de casa aburrida que se ríe de su marido noble y le gusta fornicar en baños con desconocidos y desconocidas. Yo qué sé que será...En Jimena desde mi posición, el deseo de vivir otra vida es menor, porque me recuerda una primera juventud llena de alcohol y monigotes que no me apetece mucho recordar (aunque incluso en ese espacio-tiempo hubo algo bueno, un guiño canalla). Aquí prevalece más la rabia, el odio, la repugnacia, el asco, el spleen...En fin que son todo aquello que no soy o que no quise ser. No sé cuándo acabará todo este juego, en realidad este proceso de borrarse el rostro es un juego más y también ¡cómo no! un exceso más. La última idea, en esta bajada o subida de excesos es la idea de la ANONIMIA (todo es un puro desconocerse, y qué más da), "borrarse del todo" (esto también tiene sus razones). Ya veremos...

Espero que te haya quedado algo claro con tanta divagación.
Salu2 JULIO.

No hay comentarios: