sábado, 2 de octubre de 2010

FILOSOFÍA DE LA NO IDENTIDAD

-Por qué los heterónimos no son máscaras?
-Porque los heterónimos se presentan como piezas de puzzle, que a su vez nos remiten a un todo, a ese yo último e irrepresentable.
-Y por qué último e irrepresentable?
-"Irrepresentable" porque la persona de donde surgen, Julio César Quesada Galán (no Julio César Galán, a quien debemos tomar como un real ausente más), es irreconocible desde el punto de vista del conocimiento de sí mismo. Conocerse es ir hacia el enigma de uno mismo, cuyos perfiles son vagos, apenas los entrevemos, y es coveniente que sea así, si no hace ya tiempo que hubiésemos acabado con la cultura o hubiésemos creado el paraíso. Y "último" porque hay todavía esperanza de llegar a reconocerse. Yo estoy a la espera del río que me devuelva el rostro o no.
¡Vayamos hacia el anonimato!

1 comentario:

Marco dijo...

Buenos días Julito o Luis o el que creas ser en este momento. Lo cierto es que envidio a los que no sabéis quienes sois y os afanáis en cumplir el mandato délfico, "¡Conócete a ti mismo!", dado que a mí me ocurre lo contrario, o bien me conozco demasiado o por el contrario no me interesa conocerme en absoluto, el caso es que mi identidad me aburre y a lo que aspiro es a desconocerme, acallar esta conciencia recalcitrante y lo me estimula es, como dijera Sabina, "colarme en el traje y la piel de todos los hombres que nunca seré".
La identidad es una maldición de la que uno se cura en la embriaguez, la locura dionisiaca que nos enajena, hace que nos olvidemos de nosotros mismo, desconocernos en el frenesí dejando que surja indómito el Ello. Pues el Yo no es más que una ficción, una construcción de nuestra familia, la sociedad y la época triste que nos ha tocado vivir y que se nos impone como nuestro verdadero ser, arrogándose prioridades y prestigio, el imperio sobre nuestros deseos y prevaleciendo, a la postre, sobre esa ignota fuerza vivificante, cada año más relegada que sólo nos rejonea en las noches etílicas, y que puedo intuir, quiero intuir, como algo más digno, respetable y auténtico que el ser timorato y previsible que esto escribe.