sábado, 20 de noviembre de 2010

YO/OTROS/ANONIMIA

"La anonimia propicia el entrecruzamiento de voces, los yo que se desdoblan en
otros, se traducen en un descentramiento del sujeto en el decurso narrativo."
Haydée Borowski de Llanos

L.W.

"¿Sabes o sólo crees que te llamas L.W.? ¿Es ésta una pregunta con sentido?".
L. Wittgenstein.

ROSTROS COMPLEMENTARIOS

"Busca a tu complementario,
que marcha siempre contigo
y suele ser tu contrario."

Antonio Machado.

jueves, 18 de noviembre de 2010

ELOGIO DEL SIMULACRO: VIVIR SIN MENTIRAS

Empecemos por las razones de sacar los otros de uno mismo (que es entrar aún más en el sinsentido). En primer lugar, debo dejar claro que no es el deseo de conocerme, a mí el deseo de conocerse a sí mismo me parece una de las acciones más vanidosas y dirigidas directamente al fracaso. ¿Por qué? Porque cuando digo “me conozco” o “creo conocerme” entro en una espiral de espejos deformantes y espejismos, por eso, opto por tu última opción: no me interesa conocerme, intentarlo supone mostrar unas creencias en el poder cognitivo de las palabras, y de estas creencias hace ya tiempo que me apeé (aceptar el absurdo significa ser feliz, o al menos, parecerlo). Si algo tiene la heteronimia de conocimiento es el regreso, el desconocerse, ahora te diré los motivos (esa frase de Sabina puede resumirlos). Varios son los argumentos para mi heteronimia. El primero de ellos posee un carácter geográfico. Nací en Cáceres (Extremadura), lugar fronterizo, la heteronimia la concibo como una frontera, una línea temporal entre lo que nos pasó y lo que somos. Después está la consideración de Cáceres como ciudad de la nada, en esta ciudad no puede haber leyendas, ni pueden crearse mitos (sus habitantes no admiran/escribir es llorar), el tiempo está parado como un péndulo fijo, las esquinas están llenas de recuerdos, la gente no tiene rostro porque lo perdió en el momento de nacer, los escritores son lobos que aúllan a un yo que no llega nunca, los amigos se convierten en lo que han criticado y se transmutan, finalmente, en símbolos agridulces, las madres paren hijos que tienen, desde su primera visión, conciencia plena de la muerte pero callan, los bares crean personajes que todas las noches vuelven a dormir en su guiñol; es la ciudad que siempre duerme aunque esté despierta porque alguna vez pensó que el sueño podía ser la vida, pero sus habitantes dejaron de soñar. En ella los libros se perciben como árboles en donde algunos hombres cantan para sí mismo una música muy antigua. En ella la vida siempre está en otro lugar. Una lluvia invisible y continua moja por dentro sus corazones. Casi todos ven su existencia por televisión como un río que se pierde en otra nada. Todo es previsible (¿alguna vez fuimos jóvenes?). Aquel que se va y vuelve alguna vez por sus dominios mira con recelo a sus habitantes, porque en otras ciudades de la nada su ego lo ha hinchado tontamente un enano bilingüe con cara de ratón. En la ciudad de la nada las noches de luna menguante una mujer brilla dentro de un limonero, es una de las pocas señales de…Todos saben que alguna vez su especie desaparecerá y que la tierra será un lugar realmente bello y entonces, los libros y la música volverán a su origen. En fin, como te digo, es una tierra de frontera, es una tierra imaginaria, de conquistadores que no conquistaron nada, en consecuencia, la heteronimia es un escribir en los márgenes (nada de bordes marginales, como sabes, odio a los idiotas que se creen marginales y esperan el milagro ficticio de la inmortalidad literaria, ¡menuda chorrada! la inmortalidad literaria). A esto se puede añadir una frase de I. Kertész: “No se puede vivir la libertad allí donde hemos vivido nuestra esclavitud. Habría que marcharse a algún sitio, muy lejos de aquí. No lo haré. Entonces tendría que renacer, transformarme…pero en quién, en qué?”
Como dices el yo es una ficción, pero qué clase de ficción, en qué trama estamos incluidos (si pintamos algo en esa trama), cada cuánto tiempo nos enganchamos a las vidas no vividas, ¿cuándo vamos al supermercado qué tipo de animal somos? Es posible destruir la cultura? Cuándo creamos un personaje ¿cuánto de nosotros ponemos en él? Son más reales mis heterónimos que yo? Qué vida no vivida habrán soñado los reales ausentes? Es la heteronimia una novela sin trama?
Hablabas en el segundo mensaje de autoría y de su valor supremo. Y esto me recuerda la cuestión del anonimato, el otro lado de ese yo-yo inflado que es la autoría. Por ahora, en mi caso, estoy realizando el viaje del yo hacia los otros; por qué este viaje? Porque es una manera de conjurar, de aceptar el miedo a la muerte y sus alrededores (es diferente sentir la muerte que pensarla). Una vez llegado a los otros, falta desarrollarlos, vivirlos y finalmente, si me deja el tiempo, acabar con ellos para volver al estado originario de la escritura: el anonimato ya sea desde esa misma escritura o desde la simple lectura. Por qué? Porque todo aquel que escribe quiere verse publicado, verse re-conocido, y por último, verse en los libros de texto, y a mí, como te dije, la inmortalidad literaria me parece una chorrada. Si sigo escribiendo es por una razón: la escritura aún se manifiesta como el lugar de lo impredecible. Hace unas semanas durante una noche etílica nos preguntó un amigo por qué escribíamos, yo le respondí con otra pregunta: por qué quieres a tu mujer? La respuesta: cara de incomprensión y razones obvias. Me hubiese gustado que nos hubiera dicho una razón contundente o me follé a un cerdo, lo amé durante mucho tiempo y me dejó o es que tengo miedo a morir solo o es que soy feo y tuve que conformarme con esta persona o yo ya no soy yo, ya que fui absorbido por la persona amada y ya no vivo en mí o cualquier tontería por el estilo. Por eso, bebemos y escribimos y amamos o no, quién sabe. Las verdades casi siempre son tristes.

lunes, 8 de noviembre de 2010

miércoles, 3 de noviembre de 2010

TODOS CONTRA TODOS

Durante estos años de vuelta de Granada uno ha escuchado de todo sobre su persona: que si eres un cabrón (aún no llevo patas ni cuernos, espero, en alguna otra vida, convertirme en animal y darme el gustazo de desatar todas las represiones), que si eres un lameculos ( si aprender de personas que saben más que tú significa esto, pues claro que sí), que un vendido (esto lo dice un personajillo que tiene la edad mental de 18 años), que si un pretencioso (ya, la ambición por crear ahora se llama así) que tenías que estar en la plaza vendiendo pipas (esto fue lo mejor, un comentario en el periódico X; claro que sí, ojalá no me hubiese dedicado a esto de la literatura, si me lo cuentan antes desde luego que vendo pipas y gominolas), que eres un cuentista (a veces, llega un momento en el casi todo es mentira), que si un borracho (el borracho es quien no lleva con dignidad su cogorza; yo, que soy un niño de los botellones alguna vez lo habré sido, qué se la va hacer), que cómo has cambiado ( sin comentarios), que tenías que ser así (ya, ya, oh, sí); que si yo tengo principios y tú no (seguro que sí), que yo soy un gran poeta, pero me reconocerán cuando haya muerto, tipo Fonollosa (también, los poetas marginales como V. son todos muy buenos), que por qué tienes ese ansia de publicar aquí o allí (porque me sale de los cojones), que la verdadera poesía es esto o aquello (la verdadera poesía es la que no se escribe, en muchos casos); que mira este tipo donde está, que mira el otro (ay, la envidia, que jodida es), etc, etc. Todo esto lo he escuchado cuando el menda ha salido en algún periódico regional o por tercera o, en el mejor de los casos, en primera persona, pero en esta ocasión de manera muy solapadita. Está claro que haga lo que haga, en el plano cultural, siempre va estar mal; siempre están en Extremadura y fuera de ella (pero extremeños también, que sabemos quién es quién) aquellos que critican y critican y critican y ya está; que ese ejercicio muy español se convierte en el juego del yo-yo. Lo peor de todo es que estas cosas no pasaban en el patio del colegio, zas y se acaba el diálogo de besugos. A todos estos pequeños enemigos os agradezco el seguir ahí, vuestro venenillo me da fuerzas.

martes, 2 de noviembre de 2010

VOCES

¿Voz propia? No, yo soy la voz de muchos rostros.