martes, 20 de agosto de 2013

EN CUADERNOS HISPANOAMERICANOS

Anfibios y pronombres: El lectoespectador de Vicente Luis Mora


                                               Julio César Galán

 Vicente Luis Mora: El lectoespectador. Seix Barral. Barcelona. 2012.



  1. Un laboratorio permanente


Varias son las razones que le llevan a uno a coincidir con un libro, en este caso un ensayo: un primer momento reside en alimentar la curiosidad por la trayectoria de un autor; en concreto, Vicente Luis Mora viene dando pruebas de su solvencia como ensayista, ahí están Pangea, Pasadizos o La luz nueva, con sus hibridaciones y sus deseos formales de ir más allá de la normalidad ensayística, y argumentales en el modo de acercarnos a diversos asuntos actuales, pero de carácter universal, pongamos que habla de algo tan antiguo como nuevo: los límites de los géneros y por lo tanto, del texto, o algo más “reciente”, me refiero a aquello de criticar al crítico y de crear una forma analítica adecuada a nuestro tiempo. En un segundo nivel tenemos las referencias que van saliendo del libro en cuestión y me quedo, más allá de los elogios, defectos o ataques, con las señales informativas y pensativas. Desde aquí tenemos reseñas que apuntan que El lectoespectador nos lleva a la reflexión, y es cierto, aún más, aporta sugerencia y con ello voluntad de crear desde sus fronteras. Pero la importancia de esas creaciones pangeicas residirá, como siempre ha sido y será, en la calidad de las mismas. La anulación de los filtros de una obra: el editor, la distribución, la propia edición, etc, posee una apertura democrática de aquellos escritores que no residen en círculos concretos; pero también trae la rebaja de la selección cualitativa. Y puestos a saltarnos escalones y dar un impulso más trascendente por artístico, por qué a alguien no se le ocurre subir todos esos obstáculos de un golpe y formar toda una comunidad literaria, en donde ese alguien sea varios escritores, sea varios críticos de esas obras e incluso imaginar la creación de varios tipos de lectores: ¿Un nuevo perspectivismo? ¿Esto es el sueño de Pessoa?

Digresiones a un lado, un tercer momento de convergencia lo tenemos en la contraportada del libro y en la información que nos aporta: su carácter proteico por medio de apotegmas, imágenes, tweets, etc, contribuye de este modo a asentar y a enlazar la coherencia expresiva con la intelectual; pero, ¿quiere decir esto que estamos ante un texto superficial, en el que se intenta adornar reflexiones flojas con disposiciones novedosas? No, y daré varias razones: 1) Si algo tiene el ensayo diferente a otros “géneros” es que los impostores se muestran con mayor claridad, es decir, si uno tiene algo que decir (bien) o no se nota más. En este lectorespectador no solo se nos avisa de esos nuevos cambios sino que el propio escritor es uno de los participantes de esas transformaciones necesarias para que la literatura progrese. 2) Esas aportaciones propias y ajenas se han planteado con gran claridad, tan comprensibles para el que pasa por primera vez por estos ambientes como para el que ya está más avanzado. 3) Hay un gran manejo y una excelente dosificación de las contribuciones que pueblan este ensayo. Así, esa única preocupación: “cómo miramos nuestro tiempo” se vincula con una serie de propuestas que llenan de savia nueva el ambiente literario español (algunos ejemplos los vemos en la concepción pangeica de la creación narrativa, lírica y ensayística), dando lugar a esa “mirilla en el mapa de la conciencia colectiva”.

  1. El todo de las partes: antorchas para algunos

Para formar esta crítica he de recomponer las diversas anotaciones, dobleces de página, subrayados…Empecemos por la hipótesis principal: la concepción de la escritura como un punto que da luz y la recibe, que abre caminos tanto hacia fuera como hacia dentro; es decir, el sentido del ser en la experiencia estética y viceversa, sin credos ni disimulos. Para ello se encuadra al hombre no como algo ajeno a las tecnologías, sino como unidad carnal y digital, recordando así las palabras de José Luis Molinuevo (uno de los referentes de Mora) y yendo más atrás, esa teoría del ciborg. Un segundo encuadramiento lo observamos en el texto como imagen, desde el ámbito de la Red; y como consecuencia: una forma diferente de lectura fragmentaria, global y fronteriza. Uno de los asuntos más interesantes en este sentido y que Vicente Luis Mora añade, se percibe en esa posibilidad de incluir comentarios de lectores de blogs sobre un libro en una edición del mismo (crítica en nube, la cual sería aconsejable que se inclinase hacia al anonimato como cualquier otro análisis de esta clase) y sobre todo incluirlas en publicaciones electrónicas. Sin embargo, esas ediciones digitales están a la espera de avances para que se produzca la aparición de esas “obras totales”, no solo en cuestiones críticas sino desde el punto de vista estético; sin duda uno de los apuntes más interesantes. Se vislumbra a ese escritor wagneriano que mezcle virtuosamente imagen, texto, video y sonido, dando nuevas precisiones de una idea, de un verso, de unos personajes, de un diálogo, etc; creando una serie de evasiones que enriquezcan la expresión, el significado y el sentido. Todo expuesto en suspense para ese “lector 2.0”, intrigado por comprobar cómo resolverá esa red dentro de la red y sorprendido al confirmar que ese futuro puzle será tan cercano a la realidad que parecerá renovarla. Los malintencionados pueden decir que esto ya estaba, buscándole cincuenta pies al gato (ya lo han hecho con esas formas poéticas denominadas Postpoesía e Intrapoesía), pueden decir que ya lo había adelantado tal autor en tal época; pero intentar recoger las nuevas posibilidades que ofrece el medio digital y trasplantarlas al entorno literario es un hecho para tomarse muy en cuenta.
Pero si llegasen a convertirse esas distintas capas multimedias en obras totales, habría que preguntarse si en su unión ¿las distintas formas creativas se superarán a sí mismas? y si se produce esto: ¿llegarán cada una ellas “a su desarrollo originariamente propio”? En estas operas futuras, el lector se convertirá en una parte esencial de su proceso y cierre. Esperemos que no ocurra como está pasando con la ciberpoesía en sus diversas ramas, cuyas variedades, por ejemplo, la No-poesía, la Poesía Hipertextual o la Poesía animada, han dado frutos raquíticos, con alguna pequeña excepción en España, como Eduardo Dachs. Por eso, puede que esta literatura pangeica se mude en una moda, puede que como dicen algunos se le dé demasiada importancia al medio y no al contenido. Para mí la diferencia entre moda y movimiento está sin duda en la calidad de los autores, y creo que toda está mutación de formas, contenidos y percepciones tiene visos de convertirse en una literatura fuerte y cualitativa. Los avances técnicos en los libros electrónicos y el que el autor se transforme en un diseñador gráfico de su obra o que deba darse una conjunción entre escritor-programador, parecen algunos obstáculos que pueden lastrar los progresos de estas novísimas expresiones (algo que ya apunta Vicente Luis Mora). No voy a entrar en el debate de si esto es bueno o malo para la literatura, habitan en la aldea literaria demasiados moralistas como para perder el tiempo en estas cuestiones extremadamente subjetivas.
Finalmente, debo destacar uno de los rasgos de este ensayo: su comparativismo en forma de puntos de fuga. Durante todo este discurso las reflexiones se basan en las relaciones literatura-medios digitales y audiovisuales; pero además existe una segunda capa de enlaces que nos aportan otra configuración de un mismo asunto. Ahora estamos en el plano social: “la inmaterialidad económica y comunicativa” de esa Pangea como momento de repensar una nueva realidad y también como término que nos remite a otro ensayo titulado del mismo modo. Todo estas cuestiones nos reportan una unión de lo viejo y de lo nuevo, y también una proyección de un mundo a partir ¿de otro? Pues no y la respuesta nos la da José Luis Brea: “no existe este mundo y el otro”. Así el pensamiento y la mano se mueven al mismo tiempo en una realidad inmediata y cartilaginosa. Y ese punto social posee por supuesto una veta económica que se multiplica en multinacionales, millones, globalizaciones, etc. De este modo, se pasa de la estética a la economía, de la tecnología a la sociología, de la filosofía a la cultura de masas, sin que notemos grumos o chirríe alguna idea inadecuada en un momento determinante.

2. El nombre de las cosas

A lo largo de este ensayo vamos pasando por diversos tramos y rótulos que nos muestran la disección de un momento de cambio en la escritura actual. Ejemplos los tenemos en la diferenciación entre literatura tardomoderna, posmoderna y pangeica; a mí que me encantan las etiquetas, sobre todo cuando están bien explicadas y aún más porque crean invenciones como nuevas realidades y al mismo tiempo asideros en que apoyarse. Estas referencias resultan una cartografía para aquellos que quieran ponerse al día de las últimas o penúltimas creaciones librescas, así como desde un punto de vista más subterráneo un desarrollo de la teoría literaria. Por supuesto que el valor de este ensayo no habita en ese aspecto, su audacia a la hora de exponer una concepción novedosa tanto de la creación como de la crítica resulta sumamente atractiva para quienes deseamos escuchar algo que no sea lo de siempre. Vicente Luis Mora y su Lectoespectador “hablan de un modo enlazador” a la hora de crear un mundo y con ello nos presenta interrogantes, aclaraciones y sugerencias, sin dogmas ni recetas. En resumen: un buen chorro de vitalidad para el ambiente, en exceso tradicionalista, de la literatura española.

No hay comentarios: